Trabajo final
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I.A, Inteligencia artificial. Inteligencia artesanal.
La educación actual se está transformando. Los cambios tecnológicos han modificado la forma en que llegamos a la información, nos comunicamos y cómo construimos conocimiento. La aparición de herramientas cómo la inteligencia artificial, capaces de responder preguntas de todo tipo, redactar textos, pedir tareas y acceder a mucha información rápido, incluso, ¿aprender?. Esto también ha generado preguntas en el sentido que tiene la escuela, el aprendizaje, la identidad y el papel del maestro cuando llegan todos estos cambios.
Massimo Recalcati describe tres modelos que permiten comprender la evolución de la educación en escuelas. La primera es la Escuela-Edipo, que se caracteriza por la autoridad, la disciplina y una transmisión vertical del conocimiento. En este modelo, el maestro ocupa una posición central, superior e incuestionable, mientras que el estudiante debe obedecer y adaptarse a las normas establecidas.
Después surge la Escuela-Narciso, dónde el aprendizaje deja de estar vinculado al deseo de saber y se relaciona cada vez más con el rendimiento, las competencias, donde el estudiante corre el riesgo de convertirse en consumidor de información que repite más que en un constructor de conocimiento. Al observar la educación actual, un rasgo de esta escuela es el no interés por comprender, sino por la utilidad inmediata del conocimiento. En la presión por cumplir metas, obtener calificaciones o desarrollar habilidades útiles para el mercado laboral. El “¿Para qué me sirve?” De muchos estudiantes. Esto puede desplazar la dimensión más humana y formativa de la educación. Aprender deja de ser una experiencia de descubrimiento para convertirse en una obligación académica.
Frente a esto se propone el modelo de la Escuela-Telémaco. Que a diferencia de los otros dos modelos, aquí el maestro no aparece como una autoridad absoluta ni desaparece por completo. Tiene un papel que consiste en orientar, acompañar y mostrar que el conocimiento puede tener sentido para la vida. El maestro se convierte en alguien capaz de despertar el deseo de aprender, de provocar esa curiosidad de conocer y conocerse, como herramienta útil para comprender el mundo y de comprenderse a sí mismo. Esta idea recuerda que educar no consiste en llenar una mente de información, sino en acompañar procesos que cada sujeto debe vivir por sí mismo, no se puede sustituir la experiencia personal del estudiante.
Con el cuento "El Otro” de Jorge Luis Borges. Un Borges anciano conversa con una versión más joven de sí mismo. Que comparten recuerdos, experiencias y una misma historia, pero que no son él mismo.
El pregunta ¿quién es realmente el otro?. El otro es el mismo Borges en otro momento de su vida, transformado por el paso del tiempo. Somos quienes fuimos, pero también somos las transformaciones que hemos experimentado para formar nuestra identidad, entonces ya no somos. Pero eso significa reconocerse, ¿qué significa reconocerse?, reconocerse implica aceptar que cambiamos constantemente y que nunca somos exactamente iguales a quienes fuimos. Sin embargo, reconocerse no implica comprenderse completamente. Incluso frente a nosotros mismos podemos sentir extrañeza.
Ahí la memoria ocupa un lugar importante. Borges también presenta el recuerdo como una construcción imperfecta, capaz de mezclarse con el olvido, la interpretación, perspectiva y la imaginación. La memoria no aparece como un registro exacto del pasado, sino como una reconstrucción que realizamos desde el presente, y un presente que se transforma constantemente. Si para todos es distinto, se pone en cuestión la existencia de una verdad absoluta. La verdad se vincula a la perspectiva, la experiencia y la interpretación.
Si la identidad se transforma constantemente, como muestra Borges, la tarea de la escuela no puede consistir en moldear a individuos terminados y repetitivos, y coincide con Recalcati con que educar implica acompañar la construcción singular de cada sujeto.
Con ambos autores tenemos preocupaciones que giran en torno a la identidad, la verdad, la formación del sujeto, autoría e interés natural por aprender.
Pero la escuela actual (la sociedad actual) se está viendo enfrentada a la aparición y expansión de la inteligencia artificial. La cual ha transformado nuestra relación con el conocimiento.
Veo un conflicto en sentir que nos convertimos en preguntadores pasivos, usuarios pasivos que esperan respuestas. Preguntarse algo para muchas personas no se siente como un impulso que motive a explorar o investigar, en su lugar es la acción previa al reflejo de preguntar a la IA e interpretar su respuesta con validez absoluta. Tenemos más sesgos al no ser críticos frente a la información que nos brinda. Tenemos problemas para resolver problemas con autonomía, para tomar decisiones, perdemos creatividad, y las personas confían tanto hasta poder provocar una dependencia. Es un conflicto para todos en el aprendizaje.
Para el maestro, también representa inconvenientes y cambios en cómo evalúa que realmente haya una transformación y aprendizaje en los estudiantes. Cada vez de forma más detallada una IA puede producir textos, resúmenes o ejercicios completos, las tareas tradicionales se van modificando.
Y en cuanto a la veracidad de la información, las IA suelen ser muy útiles para consultar con eficiencia. Pero también pueden generar respuestas erróneas o inventar información, dónde sin tener las habilidades para verificar fuentes y ser crítico se vuelve un problema ante la desinformación.
También estamos comenzando a ver los cambios entre la relación entre maestro y estudiante, y sus interacciones en el aula. Hay maestros que incluso hacen a la IA parte de la clase y no como tema de estudio o conversación, el profe deja de ser la principal fuente de información. Pero su relación se debe fortalecer desde lo que significa aprender con un maestro; la IA puede proporcionar respuestas, pero no puede sustituir el encuentro humano que transforma. Los estudiantes no son solo receptores de información, y enseñarles a cuestionar y dudar se vuelve fundamental en esa relación para que tengan la capacidad de analizar, verificar y evaluar la información, que les genere curiosidad.
¿Qué ocurre con la escritura, el pensamiento y la autoría?, nos convertimos en adictos a la respuesta eficaz, a tener todo ya. Procesos como la escritura (u otras expresiones) se convierten en una acción más compleja en cuanto más normalizamos la dependencia a la IA. Todos la usamos, pero el problema comienza cuando deja de ser herramienta y se convierte en sustituto de la autenticidad. En esa búsqueda de una idea, de la inspiración, la presencia se vuelve sintética y con emociones automatizadas. Y crear con nuestros sentires nos hace profundamente humanos, el pensamiento se adormece si nos convertirnos en productores de prompts en lugar de dejarnos mover por nuestras preguntas. La autoría comienza a tener los mismos matices, y la IA nuestras voces.
La forma de intervenir como maestro es educando, el maestro no debe romantizar ni satanizar el uso de la IA. Y no se les debería comparar como si aprender fuera replicar. Cuestionemos a qué espacios llega, y de qué formas la integramos para primero ser el mediador que oriente en aprender de riesgos, usos, límites, crítica y fomentar una actitud consciente frente a estas herramientas. No consiste en controlar su uso, las tensiones que genera son oportunidades para aprender sobre ella y sobre nosotros cuando la usamos. Enseñar a qué sea usada de manera crítica, ética y responsable. Mediar en procesos de reflexión.
En conjunto, estos tres enfoques nos invitan a pensar una educación que no se centre únicamente en producir respuestas, ni repetidores moldeados de respuestas, sino en formar personas capaces de cuestionar, interpretar, reflexionar y encontrar sentido en aquello que aprenden.
Conclusiones
- La tarea de la escuela es formar personas capaces de pensar críticamente, construir sentido y relacionarse activamente con el conocimiento, capaces de pensar por si mismos, ser empáticos y poder tomar decisiones.
- El maestro sigue ocupando un lugar necesario en este proceso. No porque sea quien “tiene” todas las respuestas, sino porque es quien atrapa en ese interés o deseo por aprender, por conocer, y acompaña y orienta en el camino.
- El problema no es saber o no utilizar inteligencia artificial, sino evitar que esta sustituya aquellos procesos profundamente humanos que hacen posible el aprendizaje, la curiosidad, la duda, la creatividad, la reflexión y el encuentro con los otros. La escuela sigue teniendo la responsabilidad de formar personas capaces de construir preguntas y de encontrar sentido en la búsqueda de sus propias respuestas.
-La identidad no es algo fijo ni definitivo. Somos el resultado de nuestras experiencias, recuerdos y transformaciones con cada reencuentro con nosotros.
Juliana Alvarez Colmenares
jalvarezc@upn.edu.co
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