SEMANA 6 / Bitácoras

Durante esta clase reflexionamos sobre los “sobornos” que enfrentamos como docentes al momento de evaluar un conflicto. Al hablar de las cosas que ofrecían las diosas a París con tal de ser elegidas. Comprendimos que estos sobornos no se refieren a algo material, sino a presiones internas y emocionales que pueden influir en nuestras decisiones sin que lo notemos. ¿Por qué?, La simpatía por un estudiante o sentirme identificado en el cuando yo fui estudiante (o viceversa, por sentir "repulsión"), el deseo de evitar problemas, la presión institucional o la necesidad de mantener la figura de autoridad pueden llevarnos a actuar con rapidez, pero no necesariamente con justicia.

Muchas veces resolver un conflicto no significa detenerlo. La verdadera tarea del docente es detenerse a mirar más allá del primer impulso. Comprender los puntos de cada posición involucrada, y comprender su forma de leerlo para encontrar una solución.

También discutimos cómo se construye la objetividad en medio de las emociones. Entendimos que no se trata de ignorar lo que sentimos, sino de tener claridad sobre nuestros propósitos. Cuando sabemos para qué educamos, es más fácil sostener decisiones coherentes, incluso en situaciones tensas. La objetividad, entonces, no es frialdad, sino conciencia de lo que buscamos formar en los estudiantes y de la responsabilidad que implica tomar decisiones que afectan a otros.


Otro aspecto que nos llevó a reflexionar con mayor profundidad fue el papel de las instituciones en la construcción del sujeto. Se planteó que el ser humano existe a través del lenguaje y que, desde el inicio de la vida, comenzamos a formar nuestra identidad en espacios como la familia, la casa, donde somos reconocidos como individuos únicos, con características, emociones y formas propias de ver el mundo. Sin embargo, al ingresar al colegio, dejamos de ser solamente individuos para convertirnos en sujetos dentro de una institución que organiza la vida social atendiendo a unas condiciones mediante normas, categorías y expectativas. Por eso se establece lo que se debe hacer según aspectos como el género, los gustos, juegos, acuerdos, actividades, y costumbres. En ese momento, empezamos a ser observados, evaluados y ubicados dentro de ciertos comportamientos aceptados socialmente, lo que puede generar tensiones o choques, especialmente cuando lo aprendido o acostumbrado en casa no coincide con lo que exige la escuela.

Esto nos llevó a cuestionar hasta qué punto las instituciones moldean a las personas y cómo, en ocasiones, pueden intentar formar sujetos que se ajusten a determinadas condiciones para que todo funcione como si se tratara de una fábrica donde todos deben encajar de la misma manera. (Cómo el vídeo de la otra semana), frente a esto, surgió la importancia de la construcción del criterio propio. Como futuros docentes, no solo enseñaremos contenidos o normas, sino que tendremos la responsabilidad de acompañar a los estudiantes en el desarrollo de su capacidad para conocerse, cuestionar y tomar decisiones desde su individualidad. Hacer parte de la escuela sin ser obligatoriamente moldeado por ella. En ese sentido, educar no debería significar eliminar la diferencia, sino aprender a convivir con ella y reconocer que cada persona es resultado de su historia, sus experiencias y sus elecciones. Educar al individuo en función social, "enseñar al individuo a hacer la fila pero que pueda elegir porqué salirse de ella". Para más ladrillos, "we don't need more education".

Comentarios

Entradas populares