SEMANA 3 / Bitácoras
En esta clase comenzamos retomando la mayéutica, método en el que el maestro no impone respuestas, sino que guía mediante preguntas para que el estudiante llegue a su propio descubrimiento. Enseñar no es llenar de información, sino provocar curiosidad y el deseo de preguntar.
Luego nos detuvimos en la memoria, pero no como simple recuerdo, sino como la memoria es identidad. Lo que recordamos, cómo lo recordamos y qué olvidamos (¿Qué hace que olvidemos?) construye quiénes somos. Los maestros, en ese sentido, tienen una gran responsabilidad: preservar y transmitir la memoria, porque en ella se guarda nuestra cultura. Sin embargo, también comprendí que la memoria no es neutral. Siempre está atravesada por posturas, prejuicios, experiencias previas e incluso factores inconscientes. Dos personas pueden vivir el mismo hecho y recordarlo de maneras distintas. Eso significa que nuestra identidad y memoria también está marcada por sesgos.
Hablamos entonces de la identidad como algo compuesto por valores personales, límites, formas de pensar, experiencias y memorias propias. Pero ninguna identidad se forma en soledad: vivimos en comunidad y buscamos comunidad. Y una comunidad se compone de acuerdos, normas compartidas y sentidos comunes. Esos acuerdos no flotan por ahí, están sostenidos por instituciones que regulan comportamientos y establecen jerarquías. Aquí sentí que la postura fue más crítica. La educación fue entendida como una especie de constitución: una memoria de acuerdos, comportamientos y esquemas de pensamiento que nos enseñan cómo interpretar el mundo "moralmente". Las instituciones (por medio de uniformes, hábitos, costumbres y normas) no solo organizan, también moldean. Aprendemos a obedecer casi sin notarlo. Se habló de jerarquía y de cómo las relaciones de poder nos atraviesan, dónde muchas veces nos coloca en posiciones subalternas dentro de las instituciones y el cómo actuamos dentro de ellas. Esto me hizo pensar en cuánto de lo que consideramos “normal” en realidad es resultado de estructuras que actúan sobre nosotros.
Para cerrar, realizamos un taller sobre Personal Learning Environment (PLE). Dónde me quedó muy presente la importancia de la autodeterminación, la autogestión, el pensamiento crítico y la iniciativa. Construir mi propio entorno personal de aprendizaje implica decidir qué consumo, qué cuestiono y cómo organizo mi proceso formativo, en lugar de limitarme a recibir lo que la institución impone.
También hablamos del mito de Hermes, quien, incluso desde el conflicto con Apolo, demuestra que el diálogo y la negociación pueden transformar una falta en una oportunidad de reconciliación. Este ejemplo se relaciona con el rol del maestro como mediador: no se trata de castigar, sino de educar desde la comprensión y la reparación.
La clase me dejó pensando que educar no es solo transmitir contenidos, sino participar en ese cuidado y construcción de la memoria, identidad y comunidad, siendo conscientes de las relaciones de poder que nos rodean y de la necesidad de mantener una postura crítica y autónoma frente a ellas.
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